Luz de Luz
I. Carga
El leño desgarra la clavícula.
Cruje el hueso.
El madero lo hunde en el barro.
II. Abrasión
La piel se adhiere al pedernal.
La grava se incrusta.
La herida aprende el camino.
III. Intersección
La viga cruza la espalda desnuda.
El músculo rinde su forma al hierro.
IV. Fulcro
El clavo atraviesa.
El nervio se crispa
hasta que el dolor
toca la cúspide.
V. Tracción
El brazo alcanza su tensión límite.
La articulación cede.
La fibra estalla.
La anatomía termina en trazo.
VI. Hipoxia
El pecho se sella.
El aliento se asfixia cautivo.
VII. Sobrecarga
Toda la especie
se aprieta en un ahogo.
El pulmón revienta
por ser hombre.
VIII. Afasia
La voz se alza.
El éter la entierra.
El mutismo castiga más que el grito.
Abismo sonoro
El leño estrangula el eco.
IX. Cese
El ritmo cesa.
La frente se inclina.
La tarde se rasga
en dos.
X. Resurrección
El Verbo ilumina el sepulcro.
El Rey del Universo derrota a la muerte.
La Creación, rendida,
se postra ante la llaga.
Hostia purísima que emana luz.
Cuerpo glorioso.
— Fernando Melgarejo


Melgarejo, lograste lo que comentamos muchas veces. El poema opera un pasaje riguroso de la fenomenología del dolor —descrita con precisión casi anatómica en las nueve primeras estrofas— a la afirmación teológica de la décima. Pero no hay salto: el título ya funciona como hermenéutica, anticipando que la crudeza no es naturalismo gratuito sino vía necesaria para que la llaga devenga sacramento. Felicidades.